El gol número 9 de Daniella

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El noveno millonario que conquista lleva, precisamente, el nueve a la espalda. Daniella Cicarelli enamoró a Ronaldo y en unos meses le puso el anillo en el castillo francés de Chantilly el día de San Valentín. A la brasileña un anuncio de Pepsi y un catálogo de `jeans´ la lanzaron a la fama. Y la aprovechó: enamoró desde al hijo de un ex presidente, Arnon Collor de Mello, hasta el empresario del año, el ingeniero Guto Milano.

El pasado 14 de febrero, en una insólita ceremonia, entre los dorados del suntuoso castillo francés de Chantilly, un extraño sacerdote con acento brasileño le preguntó a Ronaldo Luiz Nazario de Lima: “Ronaldo: ¿quieres hacer feliz a Daniela?”. El crack del fútbol, el hombre que logró salir del pobre barrio de Bento Ribeiro, en Río de Janeiro, a base de mágicos toques de balón, dijo “sí”. El oficiante preguntó: “Daniela: ¿quieres hacer feliz a Ronaldo?”. Y Daniela Da Silva Cicarelli se convirtió en el centro de la fiesta observada por un público de cerca de 250 privilegiados por la fortuna: magnates como el naviero y directivo del Real Madrid Fernando Fernández Tapias, estrellas del deporte como Luis Figo y Fonsi Nieto, mujeres espectaculares como las modelos Helen Swiden y Ariedne Artiles.

Hubo una fiesta de más de medio millón de euros de presupuesto. Aquello era un paripé de boda, pues ninguno de los contrayentes ha liquidado aún sus anteriores matrimonios, pero importaba poco: Daniela Cicarelli acababa de anotarse su más brillante conquista, la más sonada: el jugador de fama mundial que le costó al Real Madrid 45 millones de euros.

Tiene 24 años, 179 centímetros de estatura, una cabellera rubia y una fulgurante carrera de modelo. Su sensualidad explosiva y el aire de descaro con que se enfrenta a la cámara son sólo apariencia. En realidad es una hija de familia numerosa que todavía acude a misa los domingos, se pasea por los barrios y tiendas más exclusivos, se levanta a las cinco de la mañana si hay que trabajar y hace frecuentes visitas al mismo peluquero. Se prodiga poco en las noches brasileñas y cuida de su imagen y de su fama como de un tesoro, su tesoro. El señor de su anillo lleva el número 9 en la espalda estampado en una camiseta blanca. El mismo Ronaldo es el novio número 9 de Daniela. Todos los anteriores amantes, por cierto, han sido hombres de dinero. Los millones han acompañado siempre al amor en la vida de Daniela.

Su fama en Brasil ha ido en aumento desde hace cuatro años. Y todo por un anuncio de Pepsi, un catálogo publicitario de una marca de jeans –Spezzato– y un pequeño papel en una telenovela. Antes del boom, sin embargo, Daniela ya había demostrado su profesionalidad. Nació en el seno de una acomodada familia de Belo Horizonte (capital del Estado brasileño de Minas Gerais) el 6 de noviembre de 1980. Su padre, Antônio de Pàdua da Silva, un ex comerciante de videoclubes que luego trabajó en el Banco do Brasil, se separó de su madre, Yara, cuando ella tenía seis años. A partir de entonces pasaron a compartir la casa de su abuela materna, María de Fátima Duque Cicarelli, en el barrio de Gutiérrez de su ciudad natal, donde vivían de la pensión del padre y… de lo que ya ganaba Daniela como modelo infantil, porque a los 12 años ya era una reconocida minitop en Belo Horizonte.

Con 14 años, se presentó al concurso anual The Look of the Year de la agencia de modelos Elite –la de los escándalos de prostitución revelados hace unos años por la BBC británica–, y causó sensación. Le empezaron a llover contratos… y novios con posibles. De hecho, el primero de ellos, Bruno Lombardi, era uno de los mejores partidos de la capital mineira. Era el hijo y heredero del dueño de Vide Bula, una marca de vaqueros omnipresente en la Sao Paulo Fashion Week –la semana de la moda de Sao Paulo–, evento en el que destacaría la propia Daniela años después. Pero, por entonces, la modelo tenía 16 o 17 años y, como ella misma ha confesado en alguna entrevista, “aunque creía que sería para toda la vida, no pasábamos de despedirnos a la puerta de casa y asistir juntos a misa el día del padre”. Porque, eso sí, “Daniela es una mujer de misa dominical –dice uno de sus más estrechos compañeros de trabajo–; al menos, lo era cuando llegó a Sao Paulo. Católica y tradicional, hasta el punto de presentar a su familia a sus nuevas conquistas, como forma de que le dieran el visto bueno”.

Tras ese primer y juvenil escarceo con Bruno, la modelo se trasladó a Sao Paulo. Ahí, según sus allegados, tuvo un segundo y breve romance, esta vez con un empresario de la moda, copropietario de una importante agencia de modelos brasileña. Daniela tenía apenas 20 años, pero ya arrastraba una bien ganada fama profesional apoyada en un cuerpo perfecto. “La primera vez que la vi –dice su amigo y peluquero habitual, Marco Antônio de Biaggi– fue cuatro años atrás, cuando ella acababa de llegar a Sao Paulo. Yo estaba haciendo un casting para la revistaCosmopolitan y me causó sensación. Tenía unas piernas, un cuerpo, una cara… Era deslumbrante. Ese mismo día hicimos una prueba y llamó la atención a todo el mundo”.

Daniela sigue acudiendo –conduciendo ella misma su Range Rover y sin escolta personal, al menos hasta ahora– al establecimiento de Marco Antônio, MG Hair, un selecto local en una de las zonas más exclusivas de Sao Paulo, el barrio de Jardines. “Ahora todo el mundo me pide el mismo look que el de ella, sus reflejos sólo en las puntas, su estilo de deportista… Es la número uno”, dice el estilista, que la peinó por última vez el sábado 5 de marzo. Daniela había ido a Sao Paulo –tiene un apartamento con piscina en el barrio de Itaim, no lejos de la peluquería– para grabar programas en la cadena de televisión MTV, en la que es presentadora desde hace más de un año.

La imagen de Daniela, sensual pero deportista, delgada pero rotunda, y sus enormes ojos verdes conquistaron a los saopaulistas: hace tres años fue la estrella de la Sao Paulo Fashion Week. Sobre sus curvas se ha especulado en su país: cuando comenzó a ser conocida en las pasarelas algunos medios insinuaron que tenía silicona en los pechos, en las nalgas o en los labios, algo que ella siempre negó.

Después de triunfar en la Semana de la Moda de Sao Paulo grabó un espectacular anuncio de Pepsi y posó para el norteamericano Terry Richardson –uno de los mejores fotógrafos de moda del mundo, responsable de campañas de marcas como Gucci y Sisley– en un catálogo de jeans que inmediatamente causó furor,Spezzato. “El contrato con ella nos ligó por seis meses –dice Andrea, una de las responsables de la marca, que tiene tiendas en las mejores calles de la ciudad– y, desde luego, fue muy comentado”.

Era el verano de 2003. Entre tanto, Ronaldo cumplía su primer año en el Real Madrid. Hacía sólo unos meses que había recogido dos de los principales galardones del planeta fútbol: el Balón de Oro y el premio de la Fifa al mejor jugador del mundo. La carrera de la que hoy es su compañera también se disparaba. El catálogo era sexy, atrevido y… polémico. Firmó un contrato para un pequeño papel en la telenovela Filhas de mãe, en la poderosa cadena del Grupo O Globo, y lo que en principio iban a ser cuatro capítulos se convirtió en cuarenta, lo que disparó su popularidad. Ahí la relacionaron sentimentalmente con su compañero de reparto, Reynaldo Gianecchini, algo que siempre negó, aunque no así su idilio con el rico heredero del imperio de supermercados Pão de Açúcar y reconocidoplayboy Joao Paulo Diniz.

Precisamente, su relación con Diniz iba a reportarle uno de los episodios más desagradables de su vida y de su boda con Ronaldo: el empresario salió después con la modelo Carolina Bittencourt, rival de Daniela y, como ella, musa de Pepsi. Pues bien, Carolina se presentó en la fiesta de Chantilly de la mano de su actual acompañante, otro playboy llamado Alvaro Garnero, invitado por el novio, de quien es íntimo amigo. Daniella expulsó a Carolina de la boda. Diniz apareció, pues, como presunto culpable de la disputa entre las dos bellas, aunque la Cicarelli lo había cambiado hacía tiempo por otro breve, aunque notorionovio: nada menos que Arnon Alfonso Collor de Mello, hijo del que fue presidente de Brasil entre 1990 y 1992, considerado uno de los hombres más ricos de la nación.

Pero Arnon tampoco iba a ser el hombre de su vida. Daniela ya era una modelo conocida, guapa y admirada, que seguía manteniendo sus vínculos familiares de Belo Horizonte. “Es muy, muy tradicional –dice un ex compañero–. De hecho, muchas veces nos hemos preguntado si sus novios lo eran realmente o sólo una forma de subir su caché, apareciendo en fotos con ellos y utilizándolos como acompañantes nocturnos en las fiestas. Siempre lo primero que hacía era presentarlos a su familia. Ella no era de salir mucho, pero sí es muy buena deportista”.

Tal vez el deporte fue lo que la llevó a su sexto round: su noviazgo y boda, celebrada en Miami (Estados Unidos) en febrero de 2003, con el ingeniero y constructor brasileño Luiz Augusto, Guto, Milano. Se trata de un empresario que, desde un pequeño despacho en el que empezó hace 13 años, ha levantado el imperio Matec Engenharia, con una facturación anual de 400 millones de reales brasileños (unos 120 millones de euros), según la revista Forbes. Milano era, como la modelo, un atleta que participaba en maratones –corrieron juntos en Sao Paulo y Nueva York– y cuya mayor diferencia con Daniela era la edad: tenía 46 años cuando se casó –“una ceremonia discreta, celebrada en bermudas y camiseta”, llegó a decir ella– con la Cicarelli, que entonces contaba sólo 22.

El matrimonio se separó unos meses después, en noviembre de 2003; pero Daniela no se quedó sola y empezó a salir con otro empresario y popular playboy, el financiero Hèlio Laniado. Más joven que Guto, compartía con él su pasión por el deporte y hasta hay quien afirma que se fueron a esquiar juntos a los Alpes franceses mientras en su país se celebraba el carnaval. Eran los primeros meses de 2004, pero tampoco Laniado era el elegido. Poco después, lo dejaba por un portugués atractivo, joven y, por supuesto, con dinero: el director de marketing de Vivo –filial de Telefónica de España– en Sao Paulo, Felipe Barahona. Un romance que ella siempre desmintió –“somos sólo primos”– pero que daba lugar a una curiosa coincidencia: sus tres últimos enamorados, Milano, Laniado y Barahona, lo han sido también –aunque, lógicamente, en diferentes épocas– de otras celebridades: la productora de eventos Fernanda Barbosa, la actriz Carolina Ferraz y la propia Daniella Cicarelli.

Las coincidencias no acaban ahí: Milano construye actualmente un shopping-center a la última en una de las mejores zonas saopaulistas, junto al paso de la Avenida de las Naciones Unidas por Itaim, uno de cuyos promotores, a su vez, es Joao Paulo Diniz en su calidad de socio de la cadena de tiendas Daslu, una de las más elitistas de la ciudad y cuya sede, en la calle Domingos Leme de la lujosa zona Vila Nova Conceiçao, es una de las preferidas por Daniela para ir de compras. ¿Quién da más?

En cualquier caso, el ingeniero –nombradoemprendedor del año en 2003 por Ernst&Young y con clientes de la talla de las multinacionales Bayer y Xerox– fue el primer y último marido de la bella antes de Ronaldo, el crack del Real Madrid.

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